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domingo, 30 de noviembre de 2014

Imperativos Constitucionales

Si una cosa es cierta es que la reconstrucción de Venezuela pasa, a juro y porque sí, por una Asamblea Nacional Constituyente. No estoy seguro si el momento sea ahora o después, pero el país necesita un ordenamiento jurídico nuevo que blinde la institucionalidad y, Dios mediante, evite que una minoría, por mayoritaria que sea, cambie todo a su antojo. 

Independientemente de los detalles, la institucionalidad democrática del país, si queremos finalmente tocar las puertas de la modernidad, el progreso y la paz, necesita cinco condiciones. Cosas que deben ser cambiadas del marco actual, garantías para un verdadero desarrollo democrático o, como podemos llamarlos, imperativos constitucionales. 

lunes, 1 de febrero de 2010

La Atomización del Poder


Dura ha sido la lección que le ha tocado aprender a la sociedad venezolana: No hay nada más peligroso que la concentración de poder en una minoría, o peor, en una persona. Los sistemas democráticos más sólidos han sido diseñados muy detenidamente para evitar que esto pase y si vamos a aplicar Ingeniería Institucional a Venezuela, no podemos dejar ningún detalle al azar. Todo debe ser medido y evaluado para que ningún individuo, ninguna mayoría pueda violar los derechos de otros.


Con ese fin ponemos sobre la mesa un concepto: La Atomización del poder. Es decir, tomar las estructuras de poder y descomponerlas en sus elementos organizacionales fundamentales, sus átomos (por ende, atomización) y reconstruir esas estructuras pensando en esos átomos como pieza esencial con vida propia, para que la estructura completa no dependa de centro alguno.


Queremos aclarar que no se trata de una mera descentralización, pues ese término implica un camino del que queremos diferenciarnos. La descentralización en Venezuela fue el proceso en el que el Gobierno Central cedía competencias a los Gobiernos Regionales y Locales. Ese proceso puede revertirse y se ha estado revirtiendo poco a poco. La atomización va más allá de la simple cesión se competencias.


Una visión atomizada


Tomemos como ejemplo un sistema fundamental para el mejoramiento de la Seguridad Ciudadana: El Sistema de Justicia. Un re-diseño del sistema implicaría una visión fractal, es decir, una estructura que se repite de abajo a arriba y de arriba a abajo, comenzando el diseño con su estructura más fundamental: Los tribunales municipales.


Siendo el Municipio la estructura más fundamental de nuestro sistema político actual, la estructura de los tribunales debe partir de ahí. La rectoría de los tribunales municipales se haría por un Tribunal Municipal de Justicia cuyos miembros no serán designados por el TSJ. La elección de este cuerpo tendría un mecanismo más elaborado:


  1. Como organismo colegiado, el Tribunal Supremo de Justicia hará una lista de candidatos a miembros del Tribunal Municipal con base en su formación y méritos. De cada candidato elaborará un expediente con todas las referencias pertinentes. Esta lista con sus respectivos expedientes será enviada a cada Municipio.
  2. El Consejo Local de Planificación Pública, que no sólo involucra al Alcalde y a los Concejales, sino también a los Consejos Comunales y demás organismos de la Sociedad Civil que hacen vida en el Municipio, filtrará esta lista dejando una terna más reducida. El mecanismo de filtración y elección será decidido internamente.
  3. Con esta terna, la decisión final caerá en manos del Poder Legislativo Local, a saber, el Concejo Municipal.


Ahora bien, tal proceso se repetirá para los Tribunales Regionales, utilizando a los Colegios Legislativos y Consejos Regionales de Planificación.


La idea es, en general, que el sistema de justicia dependa cada vez menos de una estructura central y responda, sobre todo, a las Comunidades Organizadas del Municipio y al ciudadano de a pie. Creemos firmemente que eso sólo se puede lograr con una Ingeniería Institucional que acerque el tribunal a la gente y reticule la organización de la justicia para hacerla más eficiente, expedita y, por supuesto, más justa.


Por otra parte sería interesante ver que en las Universidades se diseñe y aplique un programa de postgrado en judicatura, para comenzar a formar jueces de carrera, no a la carrera.


Este modelo de atomización es todavía una idea muy cruda y hay que hacerle muchos ajustes para hacerlo aplicable sin la necesidad de modificar la Constitución y mucho más trabajo si se ha de diseñar una Constitución nueva. Pero creemos que debe ser el modelo a seguir en toda Ingeniería Institucional de aquí en adelante.


Preocupación


Sigo viendo con total preocupación el papel que está desarrollando la llamada Mesa de la Unidad. Veo que se dedican a opinar de cualquier tema coyuntural y no veo que se enfoquen en las dos únicas funciones que le fueron asignadas: (1) Establecer las candidaturas unitarias (siguiendo el acuerdo) y (2) Diseñar la Agenda Legislativa para que, independientemente de quiénes y cuántos lleguen, la llamada “Oposición” ponga propuestas concretas sobre la mesa para facilitar la solución de las coyunturas.


En caso de estar trabajando en la Agenda, sería un alivio conocer los temas que están trabajando y saber quiénes están trabajando en cada tema. Sería un error el debatir una Agenda de espaldas al electorado y un acierto comunicar el trabajo realizado.


Seguimos en contacto


Juan Carlos Araujo S.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Algo que debe empezar

No me gusta la idea de iniciar algo con un tono tan apocalíptico, pero mis compatriotas y conciudadanos, independientemente de cómo vean la política, no pueden negar que lo que se ha vivido en Venezuela en la última década no es más que la sistemática destrucción de la infraestructura institucional producto de un cuestionamiento al sistema político que se inició a principios de los 90.


Hemos pasado una década buscando culpables, una década perdidos en un torbellino de discursos políticos llenos de etiquetas y frases poco profundas pero fáciles de recordar. Algunos han pasado una década en la total pasividad esperando pasar por debajo del radar, otros han optado por construir sus vidas en lugares donde mejores oportunidades, otros optaron por levantarse y pelear una lucha contra la destrucción de Venezuela.


Ha sido una década en la que la lucha política ha sido, o contra algo en particular (la corrupción del pasado, el otro que está mejor que uno, el sistema económico, la destrucción del presente, usted nombre lo que sea), o en favor de algo de lo cual no se tiene mucha idea de cómo se estructura, pues su sustancia puede cambiar de un domingo a otro.


Por eso la “oposición” ha fallado en convertirse en proposición, pues es una amalgama política e ideológica pegada únicamente por el adversario común. En el 2004 se hizo un intento de “proyecto país”, pero el proyecto quedó en proyecto y no pasó ni siquiera a idea, pues para muchos pareciera que el “posicionamiento político” es más importante que tener algo que defender más allá de las personalidades que dan la cara.


Estamos cerrando el 2009 con una sensación interesante. Con la esperanza de, al menos, tener una pequeña probabilidad de dar un golpe de timón y realizar n cambio. Ya la “oposición” pareciera estar más o menos clara en algo además de en “no tener idea de qué hacer” (de acuerdo a El Chigüire Bipolar)... Hay aires de unidad, o al menos esa es la imagen que se quiere dar... pero hasta ahora es una unidad meramente electoral.


Lo que no he visto con claridad es una dirección programática, es decir, un qué queremos hacer una vez lleguemos a la Asamblea Nacional. No parece haber comenzado todavía un proceso de discusión de qué es aquello que vamos a defender, más allá de valores universales que encajan con todo pero no se aterrizan fácilmente.


Así pues, este proceso de discusión tiene que empezar en algún momento y en algún lugar... Y, ¿qué mejor lugar que “aquí” y qué mejor momento que “ahora”?


Este es, lectores míos, el propósito de este blog. Abrir un espacio para la discusión de ideas programáticas enfocadas en la reconstrucción de las instituciones. Es un espacio para que pensemos seriamente en la gran oportunidad que tenemos frente a nosotros: La oportunidad de reconstruir nuestras instituciones desde la base, no como estaban, sino mejores... más acorde con el país que queremos, más acorde con la experiencia acumulada en dos décadas de decadencia y una de lucha sin pausa ni cuartel.


Una Aclaratoria


Antes de comenzar cualquier discusión quiero aclarar una cosa: No se trata de hacer un debate ideológico. No es de si es de izquierda o de derecha o si está más bien de medio lado. Me remito a las sabias palabras de José Ortega y Gasset:


“Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Además, la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar más aún la ‘realidad’ del presente, ya falsa de por sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a que responden, como lo demuestra el hecho de que hoy por hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas tiranías”


Digo esto porque estoy convencido que la reconstrucción de Venezuela no debe ser una reconstrucción ideológica. Nuestro país no va a ser construido por ideologías, sino por instituciones que funcionen independientemente de la ideología de aquellos que en determinado momento fijen la agenda.


Así pues... es momento de comenzar con la Ingeniería Institucional



Juan Carlos Araujo S.